Resulta incluso cómico como debemos tragarnos el orgullo
casi después de hacer la afirmación, es increíble como nuestro sueños se quedan
por el camino sin opción a réplica. Personalmente me da asco sucumbir a todo
aquello que juré jamás sucumbiría. Pero la pregunta qué hacer al respecto es
mucho más fácil que la respuesta. Falta de cojones es la razón principal,
contexto y situación personal podríamos decir que es la segunda y quizás
comodidad la más común.
Todos de pequeños soñábamos ser algo que sólo un 5% ha
conseguido: unos pilotos, otros astronautas, incluso hubo una que sin soñar con
ser princesa lo logró. Esperanzas para todos sin duda, pero realidades que me
pregunto cómo han conseguido muy pocos. Siempre que veo en la televisión o leo
en algún medio una entrevista a alguien reputado pienso en cómo consiguió
llegar a ese punto de reconocimiento y autopromoción. Pienso muchas veces qué
diría yo cuando me preguntaran qué fortuitos elementos del destino se unieron
para alcanzar el éxito, qué terribles fracasos y caídas he tenido que sufrir
hasta entonces e incluso qué consejos me puedo permitir darles a otros que un
día vieron una entrevista en la tele igual que yo.
Es curioso pensar en ese alter ego que se iría lejos de lo que
hoy me parece una jaula de modernidad. Un mundo en el que no triunfa el que
lucha, sino el que enchufa, no es reconocida la voz del rebelde sino la del
lameculos y desde luego no se premia sino lo socialmente reconocido como
“bueno”, “normal” o “común”.
Hoy mi hermana me ha dicho que vivirá en el bosque, comerá
de lo que la naturaleza le proporcione y se duchará con agua de lluvia sin
depender de nadie. Me he reído, la he tildado de hippie y he colgado el
teléfono; ahí tenéis la hipocresía de una que en su día pensaba en cambiar el
mundo como Teresa de Calcuta.
Cuando me he vuelto a mirar al espejo, he reconocido mi
cara, mi pelo y mis anchas caderas, pero no mis ojos, mi sonrisa o un rostro
sin ojeras como el que lucía hace apenas cinco años.
Dicho esto no voy a cambiar de trabajo, porque “soy
afortunada por cobrar 700 euros a jornada completa”, no voy a dejar de estudiar
aunque tenga 3 carreras y no me voy a mudar a África porque los misioneros
también pagan facturas.
Pero eso sí, quizás un día consiga volverme Matilda, quizás mi
alter ego evolucione hasta acabar en el
bosque con mi hermana, envenenada por alguna seta o muerta por hipotermia
(dicen que te quedas dormida y ya no despiertas). Quizás no, quizás encuentre
en esta jaula llamada destino un barrote carcomido por el óxido de ese mar que
tanto echo de menos y deje la jaula vacía para ser una astronauta de 90 años.
No hay comentarios:
Publicar un comentario