martes, 4 de diciembre de 2012

YO, MI, ME Y MI ALTER EGO


Resulta incluso cómico como debemos tragarnos el orgullo casi después de hacer la afirmación, es increíble como nuestro sueños se quedan por el camino sin opción a réplica. Personalmente me da asco sucumbir a todo aquello que juré jamás sucumbiría. Pero la pregunta qué hacer al respecto es mucho más fácil que la respuesta. Falta de cojones es la razón principal, contexto y situación personal podríamos decir que es la segunda y quizás comodidad la más común.

Todos de pequeños soñábamos ser algo que sólo un 5% ha conseguido: unos pilotos, otros astronautas, incluso hubo una que sin soñar con ser princesa lo logró. Esperanzas para todos sin duda, pero realidades que me pregunto cómo han conseguido muy pocos. Siempre que veo en la televisión o leo en algún medio una entrevista a alguien reputado pienso en cómo consiguió llegar a ese punto de reconocimiento y autopromoción. Pienso muchas veces qué diría yo cuando me preguntaran qué fortuitos elementos del destino se unieron para alcanzar el éxito, qué terribles fracasos y caídas he tenido que sufrir hasta entonces e incluso qué consejos me puedo permitir darles a otros que un día vieron una entrevista en la tele igual que yo.

Es curioso pensar en ese alter ego que se iría lejos de lo que hoy me parece una jaula de modernidad. Un mundo en el que no triunfa el que lucha, sino el que enchufa, no es reconocida la voz del rebelde sino la del lameculos y desde luego no se premia sino lo socialmente reconocido como “bueno”, “normal” o “común”.

Hoy mi hermana me ha dicho que vivirá en el bosque, comerá de lo que la naturaleza le proporcione y se duchará con agua de lluvia sin depender de nadie. Me he reído, la he tildado de hippie y he colgado el teléfono; ahí tenéis la hipocresía de una que en su día pensaba en cambiar el mundo como Teresa de Calcuta.
Cuando me he vuelto a mirar al espejo, he reconocido mi cara, mi pelo y mis anchas caderas, pero no mis ojos, mi sonrisa o un rostro sin ojeras como el que lucía hace apenas cinco años.

Dicho esto no voy a cambiar de trabajo, porque “soy afortunada por cobrar 700 euros a jornada completa”, no voy a dejar de estudiar aunque tenga 3 carreras y no me voy a mudar a África porque los misioneros también pagan facturas.

Pero eso sí, quizás un día consiga volverme Matilda, quizás mi alter ego evolucione hasta acabar  en el bosque con mi hermana, envenenada por alguna seta o muerta por hipotermia (dicen que te quedas dormida y ya no despiertas). Quizás no, quizás encuentre en esta jaula llamada destino un barrote carcomido por el óxido de ese mar que tanto echo de menos y deje la jaula vacía para ser una astronauta de 90 años.

martes, 28 de agosto de 2012

La chispa de la anciana


Una vez vi  esa chispa,
aquello de lo que todos hablaban
era en  los ojos de una niña,
que había llegado a anciana.
Susurraban todos  cual avispas
de donde tanta felicidad sacaba
¡Si  los ojos de la muerte
tras su puerta acechaban!
La anciana se giró y dijo
“No es la muerte quien predijo,
cuanta felicidad en este mundo me esperaba,
soy pobre y muero sin nada,
pero sonrío porque lo malo de este mundo,
para mi ya se acaba”

Muchos hablan de esa chispa,
que felicidad llamaban
yo preferí al verla
oír lo que de ella contaban,
que había sido madre abuela y tatara
pero que sola cada noche
en su lecho se acostaba
sin el calor de sus nietos, ni un marido ni una hermana
y que mecida por la canción de cuna que su madre de pequeña le cantaba
Esperaba  que su amiga muerte a su carón se sentara
Para tener al menos una sombra a la que compaña llamara.

Una mañana despertó el pueblo
sin perros que ladraran
a la chispa de los ojos de aquella solitaria anciana.
Acabose el debate por aquel resplandor
y por quien lo provocaba,
pues aquella noche
la anciana cantó a la muerte su última nana.