Una vez vi esa
chispa,
aquello de lo que todos hablaban
era en los ojos de
una niña,
que había llegado a anciana.
Susurraban todos cual
avispas
de donde tanta felicidad sacaba
¡Si los ojos de la
muerte
tras su puerta acechaban!
La anciana se giró y dijo
“No es la muerte quien predijo,
cuanta felicidad en este mundo me esperaba,
soy pobre y muero sin nada,
pero sonrío porque lo malo de este mundo,
para mi ya se acaba”
Muchos hablan de esa chispa,
que felicidad llamaban
yo preferí al verla
oír lo que de ella contaban,
que había sido madre abuela y tatara
pero que sola cada noche
en su lecho se acostaba
sin el calor de sus nietos, ni un marido ni una hermana
y que mecida por la canción de cuna que su madre de pequeña
le cantaba
Esperaba que su amiga
muerte a su carón se sentara
Para tener al menos una sombra a la que compaña llamara.
Una mañana despertó el pueblo
sin perros que ladraran
a la chispa de los ojos de aquella solitaria anciana.
Acabose el debate por aquel resplandor
y por quien lo provocaba,
pues aquella noche
la anciana cantó a la muerte su última nana.
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