Me dispongo en estas líneas a comentar el
nauseabundo proceso por el cual mi indignación me lleva a escribir esta reclama
que no artículo pues no soy capaz de articular palabra ante semejante
desfachatez extrema.
El insulto hecho verbo y logo y transmitido a través de los píxeles del invento que hizo posible que la globalización fuera un proceso visual. Esa televisión que hizo sucumbir a todos los que algún día se sentaron en adoración frente a las ondas hercianas, muestra hoy una decadencia propia de cualquier otro crack que aún siendo de una índole no económica es aún más preocupante: el crack de la humanidad sine die. Sine die porque no es un crack producto de una fecha, programa o error concreto sino fruto de la colaboración sostenida durante años por parte de guionistas, productores, cadenas y espectadores que han llegado al culmen de su propia ridiculización con la emisión de : How do I look? y The Millionaire´s machtmaker (Millonario busca esposa) ambos emitidos en la cadena Divinity (porque son divinos, ensalzan a la mujer y en general a todo el género animal femenino) pertenecientes a la unión idílica y familiar que nos presenta Mediaset España, un grupo ya de por sí, ausente en mi lista de canales sino fuera por la bola negra de su billar (Energy) y por su homólogo del grupo Atresmedia, Xplora (el canal para gente curiosa). Aunque si bien esa curiosidad y energía se te acaban pasando cuando te aprendes de memoria los diálogos de sus muy repetidos programas, son los únicos que conservan, junto con Discovery, resquicios de cordura del grupo de canales que pertenecen al sector público. La privatización del contenido, nos ha llevado a encontrar fórmulas americanas de relleno que no sólo deberían estar condenadas (que no censuradas) por la libre capacidad de expresión del ciudadano, sino que denigran verbal y visualmente la imagen de cualquiera que en ellos aparezca, se refleje o los contemple.
El insulto hecho verbo y logo y transmitido a través de los píxeles del invento que hizo posible que la globalización fuera un proceso visual. Esa televisión que hizo sucumbir a todos los que algún día se sentaron en adoración frente a las ondas hercianas, muestra hoy una decadencia propia de cualquier otro crack que aún siendo de una índole no económica es aún más preocupante: el crack de la humanidad sine die. Sine die porque no es un crack producto de una fecha, programa o error concreto sino fruto de la colaboración sostenida durante años por parte de guionistas, productores, cadenas y espectadores que han llegado al culmen de su propia ridiculización con la emisión de : How do I look? y The Millionaire´s machtmaker (Millonario busca esposa) ambos emitidos en la cadena Divinity (porque son divinos, ensalzan a la mujer y en general a todo el género animal femenino) pertenecientes a la unión idílica y familiar que nos presenta Mediaset España, un grupo ya de por sí, ausente en mi lista de canales sino fuera por la bola negra de su billar (Energy) y por su homólogo del grupo Atresmedia, Xplora (el canal para gente curiosa). Aunque si bien esa curiosidad y energía se te acaban pasando cuando te aprendes de memoria los diálogos de sus muy repetidos programas, son los únicos que conservan, junto con Discovery, resquicios de cordura del grupo de canales que pertenecen al sector público. La privatización del contenido, nos ha llevado a encontrar fórmulas americanas de relleno que no sólo deberían estar condenadas (que no censuradas) por la libre capacidad de expresión del ciudadano, sino que denigran verbal y visualmente la imagen de cualquiera que en ellos aparezca, se refleje o los contemple.
How do I look
( mal traducido por “Cambio de look” en español) es un programa que no sólo
reduce el mundo a la banalidad de sus aspecto sino que trata a esos organismos
independientes que se sienten como personas orgullosas de no pertenecer a la
masa de borregos que compran, comen y actúan como el resto, peor que a residuos
tóxicos. De tal manera que en mi mente quizás enferma se crea un paralelismo
entre los campos de concentración nazis que usaban las “duchas” y las
incineradoras para librar al mundo de las razas impuras, con lo que ellos
llaman el “tubo”, un cilindro de aspersión que con su aparente pureza y
transparencia elimina, siega, limpia de tu vida, aquellos resquicios de
indignidad que te convierten en una persona que no solamente no debería salir a
la calle ni relacionarse con el resto de seres, sino que casi no debería ni
vivir.
Frases como :
“Decido dónde llevarte a cenar, cuando te veo vestida”, “No te llamo porque me
da vergüenza salir contigo y mis amigos” “Es como si te vomitara el
armario”,etc. No son sólo aplaudidas, reídas y vitoreadas por su presentadora
(esa china-japonesa que según mi teoría funciona como el robot de Tiburón y se
derretiría si la acercas demasiado al fuego) sino ( y aquí viene mi asombro más absoluto), por
el conjunto de AMIGOS Y FAMILIARES que te acompañan y te han engañado para “hacerte
un favor”. Lo peor de todo es que el morbo de esta pública humillación atrae
cada día a más espectadores famélicos de desgracias más evidentes que las suyas
y que encuentran terapia en la mofa ajena. Sólo le rezo a cualquier deidad
superior, que esa oleada de adolescentes , niños y personas con la misma
personalidad que un boli bic azul (no digo ni negro, ni verde, ni rojo, no, no…azul)
, no asuman como lógicas y normales esas conductas para repetirlas de forma
sincronizada alrededor del mundo con todos aquellos que no son iguales a lo que
los estándares actuales superficialidad y materialidad del mundo exigen.
Millonario
busca esposa, no es sin embargo el mismo
tipo de programa, sino que es más la exposición abierta y worldwide del barrio
rojo de Ámsterdam, exhibiendo con orgullo y satisfacción castings en los que se
eligen mujeres u hombres para satisfacer los ridículos y estrafalarios gustos
de otros que puedan pagar por esos servicios. La prostitución, que no es legal
ni en España ni en Estados Unidos, expuesta y mediatizada como un escaparate de
El Corte Inglés en rebajas en la más absurda de sus contradicciones. Al menos las prostitutas de calle tienen para
mi un honor y dignidad que no presentan
estas mujeres y hombres y mucho menos la así misma nombrada alcahueta que
pretende con lengua afilada (al igual
que su aguja para coser virgos) redistribuir a ese elenco de mujeres objetos en
el cubo de deshechos humanos o en el de dulces conejitas de playboy a las
órdenes y gustos de las cartas escritas por los chulos de alto standing que así
las reclaman. Es por tanto para mí un privilegio y un placer desahogar y
compartir parte de esta indignación para al menos, que cuando cambie de canal y
los vuelva a ver aparecer repetidos en la pantalla de tv, poder decir: hice
algo al respecto.
Olaya López
Alonso, periodista 23 años.
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